Retrato de la viuda de Narciso Prado Rivilla y sus cuatro hijos

LOS CAÍDOS EN EL TRABAJO

                El 13 de octubre de 1953 se produjo una explosión de grisú en el pozo Calvo Sotelo, donde murieron 11 mineros. Este acontecimiento produjo una enorme conmoción en Puertollano.

                Tras este incidente se hizo una suscripción popular para recaudar fondos para erigir un monumento a los caídos en el trabajo. En solo unas semanas se recogieron las 500.000 pesetas en que estaba valorada la construcción del monumento.

                Así cinco años después, el 20 de julio de 1958 se inauguró el monumento con la presencia de diversas autoridades de ámbito nacional. Las primeras filas se habían reservado a las viudas de los mineros muertos cinco años atrás. Nada hacía presagiar  que tres meses después, la historia se iba a repetir.

Viuda Narciso
Viuda Narciso

                Sobre las 18:30 de la tarde del sábado, 18 de octubre de 1958 se produjo una explosión de grisú en el plano 37 del pozo Calvo Sotelo, a unos 350 metros por debajo de la superficie. Doce mineros perdieron la vida. Durante toda la noche se trabajó en recuperar los cadáveres que fueron introducidos en ataúdes y a primera hora de la mañana fueron trasladados en “una caravana muda” hasta el Poblado, donde se instaló una capilla ardiente en una dependencia de la Empresa Calvo Sotelo. Por la tarde, una impresionante manifestación de duelo acompañó a los féretros hasta el cementerio.

                De los doce mineros fallecidos, sólo dos eran naturales de Puertollano. Y concretamente uno de ellos era Narciso Prado Rivilla.

                El documento de este mes es el retrato de su viuda y sus cuatro hijos, realizado por Marín Santos Yuntero al día siguiente del entierro de los mineros. Una instantánea que recoge el dolor y la angustia de la viuda y sus hijos, ya huérfanos.

                Este dolor y angustia también fue recogido en el Monumento a los caídos en el trabajo, con su Piedad central o madre que sujeta a su hijo muerto.

                La parte principal del monumento inaugurado tres meses antes del suceso, eran dos triángulos isósceles invertidos y truncados que representan las dos alas de un ángel y simbolizaban la protección que se debía de dar a los huérfanos de los fallecidos.

                Tras la explosión de 1958, el Ministro de Trabajo, Fermín Sanz, a través del Delegado Provincial de Trabajo, entregó a cada familia 3.000 pesetas y se crearon unas becas de estudio para todos los huérfanos de las víctimas de la explosión.

                Como curiosidad, decir también, que un ingeniero de minas vasco, Alfredo Alonso Allende, donó a la alcaldía de Puertollano, 12.000 pesetas, para que fuesen repartidas entre los familiares de las victimas.

                Este documento del mes está dedicado a todos los que dejaron su vida en el trabajo y a sus familiares que tuvieron que seguir adelante sin sus seres queridos.

Poema de Ramón Merino

Está malherido mi pueblo,

Socavones de pena,

paladas de sangre,

arañazos en su tierra,

se mezcla el negro carbón

con el gris de las esquelas,

ya llueve sobre mojado

y se desborda el rio de lágrimas,

once muertes se suman

a las doce de días pasados.

Maldita mina,

maldita el hambre

por la que yacen enterrados,

¿dónde está el patrón?

¿dónde está la vida?

ahora solo queda duelo,

un luto de años,

rabia en el corazón

y esa eterna miseria

por la que bajaron al pozo,

a arrancar riqueza para unos

y pan y sudor para otros.

está malherido mi pueblo

y lentamente se desangra,

aunque pase de largo el tiempo

jamás se cerrará la cicatriz,

de esas veintitrés puñaladas.

Un pensamiento en “Retrato de la viuda de Narciso Prado Rivilla y sus cuatro hijos

  1. No tengo palabras ni puedo olvidar,como quedaron las viudas con sus hijos cada una desamparada por la pérdida de su marido y el padre de sus hijos. Y en ese grupo meto a mi tío que no fue de ese grupo pero también murió y dejó viuda e hijo .RAMON ROLDAN. D.E.P.

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